La angustiada liturgia del adiós

Quinientos caballos inmóviles. Impávida. Resisto a la evidente asfixia del mañana. Te mato. Me resucito. Nos despierto. Ahogo mi instinto benevolente en tu odioso mar de celos. Escupo. Escúpeme. Dios salió de vacaciones, cierra la puerta. No volveré. No serás. Fuimos.

¡Next!

Todo que soy es de ayer. Aún soy la que soñado… que amado, que entregado todo por dos copas de ilusión… soy aquella que sobrevivió a la auto compasión y al flagelo impuesto por los que llegaban con los maxilares rotos… trayendo siempre un te quiero entre los dientes…

¡Crack!

Sí, soy lenta, aún soy de ayer… aunque tenga una sonrisa insistente que profana mi dolor, me sorprendo con mi estupida fragilidad… mi incapacidad de asesinar los violadores degollados que agonizan por dos litros de aire per capita en mis pesadillas de los viernes.

¡Flash!

La angustiada liturgia del adiós corrompe más que la crueldad de la duda y me hace vivir dentro de una tragaperras, volviendo a jugar aunque sepa que voy a perder…

En mi eterno deseo de pecar sigo traicionando mi delicadeza solo para ver los meandros del castigo… de bar en bar mojando la puntita del dedo en cada copa antes de embriagarme.

¡Salud! 🥂

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